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Amaxofobia: el miedo a conducir. ¿Se puede superar?

En la foto, en alto: un conductor afecto de amaxofobia

Amaxofobia. Es decir el miedo a conducir (del griego ‘hàmaxa’ = carro y ‘phobos’ = miedo). Cada uno de nosotros experimentó un poco de miedo al subir al automóvil durante las primeras lecciones de manejo. Ciertamente, algunos conductores novatos se sentían incómodos a la carrettera cuando eran principiantes. Pero algunas personas sufren de una verdadera fobia ante la sola idea de conducir, incluso después de años de obtener una licencia de conducir.

Este miedo se clasifica en el DSM-5 (American Psychiatric Association, 2015) y en la CIE-10 (World Health Organization, 2011) como una fobia específica del subtipo situacional. De hecho, genera todos los síntomas de las fobias: ansiedad, temblor, agitacíon, sudoracíon, hambre de aire, taquicardia, hasta ataque de pánico. Por esta razón, es una fobia extremadamente frustrante. También es invalidante, ya que limita la autonomía y afecta la vida social y laboral de quienes la padecen, generando un importante estado de estrés psicofisiológico.

En la foto, en alto: una mujer al volante victima de un ataque de panico

La amaxofobia está mucho más extendida de lo que la gente piensa y afecta tanto a mujeres como a hombres. Con algunas variaciones. Algunos conductores, de hecho, entran en pánico ante la mera idea de subirse al automóvil, otros solo manejan tramos cortos y conocidos de la carrettera. Algunos tienen el mideo específico de conducir por la autopista o de alejarse de lugares considerados seguros o de quedarse atascado en el tráfico. Algunos temen a los túneles, algunos temen a los puentes. Algunos conductores logran conducir a la luz del sol, pero no pueden tolerar la oscuridad. Algunos aceptan conducir solo si están en compañía, mientras que otros no soportan la presencia de otros pasajeros. También están los que tienen miedo de ser apresados por la prisas y provocar accidentes, de forma voluntaria o no.

Estos miedos pueden estar presentes dentro un cuadro general caracterizado por el trastorno de ansiedad o ser generados por un evento traumático específico, como un accidente que involucró directamente al conductor o indirectamente, afectando a amigos o familiares.

Es importante señalar que el miedo no es directamente proporcional a las habilidades de conducción del conductor. Quienes padecen amaxofobia pueden percibirse a sí mismos como ‘no aptos’ para conducir o ser juzgados como tales por otros, a pesar de no tener ningún impedimento. Estas actitudes de juicio y repetidas refutaciones solo aumentan la fobia y socavan profundamente la autoestima y el sentido de autoeficacia de los conductores. Del mismo modo, los prejuicios generalizados sobre las habilidades de conduccíon de las mujeres tienen efectos extremadamente negativos. De hecho, el terror del juicio social está en la base misma de este trastorno.

La principal estrategía que ponen en accíon quienes están sujetos a este miedo generalizado es la evitacíon. Sin embargo, esto es un arma de doble filo. Si evitar la situación angustiosa conlleva un beneficio immediato, es decir el alivio del miedo, conduce a la convicción de no poder afrontar esa situación particular, con graves repercusiones en el sentido de autoeficacia y generando sentimientos de inadecuación. Por lo tanto, la evitación se convierte en una trampa con el tiempo. En cambio, quienes logran superar la ansiedad anticipatoria y el impulso, afrontan el viaje con síntomas relacionados con el pánico y, al final de la experiencia, sienten que han ‘escapado un peligro’. Tal sentimiento alimenta el miedo y, a su vez, contribuye a la evitación, a veces a la renuncia total.

¿Qué hacer entonces? ¿Existe alguna solucíon? Seguramente. El primer paso es acudir a un profesional y no encerrarse en uno mismo. Entre las diferentes terapias, el tratamiento que se ha mostrado más eficaz es el cognitivo-conductual. Pero si la fobia está relacionada con un trauma, puede ser apropiado intervenir con vías terapéuticas específicas para el trastorno de estrés postraumático, como EMDR (Eye Movement Desensitation and Reprocessing). La integración con enfoques relacionados con Mindfulness y hipnosis también es útil.

Peter Paul Huayta Robles

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